Morirse es, en la mayoría de las partes del mundo, la última forma de contribuir al voraz consumismo que nos invade.
No son pocos los que viven a costa del dolor y las creencias
religiosas vinculadas a la muerte.
Perder a un ser querido es un momento de vulnerabilidad y es ésta vulnerabilidad de la que viven funerarias, aseguradoras, floristas, embalsamadores y demás necrófagos implicados en alimentar el ritual del entierro.
Perder a un ser querido es un momento de vulnerabilidad y es ésta vulnerabilidad de la que viven funerarias, aseguradoras, floristas, embalsamadores y demás necrófagos implicados en alimentar el ritual del entierro.
Más vale tener un buen dinero ahorrado o seguro de
fallecimiento y pagar religiosamente las cuotas, si no se quiere arruinar la
vida de los que se quedan, ya que bajo la aprendida cultura del miedo, impuesta
por la religión, hay que enterrar a los muertos. Cueste lo que cueste.
